jueves, 25 de agosto de 2011

Militarismo y Paz en El Salvador

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MILITARES SALVADOREÑOS ENEMIGOS DE LA PAZ

Oscar Martínez Peñate

La FAS fue el revólver de la oligarquía para disparar contra el pueblo salvadoreño que demandaba respeto a los derechos humanos, económicos, civiles y políticos. “La Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad eran los símbolos del poder, eran los íconos”[1].

Sin embargo, la FAS evolucionó de ser un simple instrumento del poder económico a convertirse en protagónico, esta metamorfosis ocurrió en el contexto del conflicto armado, lo que la llevó a desarrollar cierta autonomía.

La FAS en la última etapa del conflicto se dedicó a secuestrar a miembros de la oligarquía,los extorsionaba con millones de dólares, haciéndose pasar como guerrilleros o simples miembros de bandas delincuenciales.

La corrupción de la FAS era conocida por la oligarquía, los diplomáticos de la embajada de los Estados Unidos acreditada en El Salvador y los funcionarios americanos en Washington, reconocían “que la corrupción era extrema”[2].

Según la Oficina General de Auditoria (GAO) del gobierno de los EE.UU., la FAS estafaba a los Estados Unidos[3], la corrupción de esta institución militar no tenía límites y estaba fuera de control de la oligarquía salvadoreña y de la Administración Estadounidense, los militares habían convertido el conflicto armado en fuente de enriquecimiento. “En estudios desarrollados por institutos de investigación social salvadoreños se desprende que de cada diez dólares dados por los EE.UU. para la guerra, nueve se perdían en los vericuetos de la corrupción y solamente uno llegaba al fin propuesto”[4].

La corrupción dentro de la institución era tan generalizada que, según Schwarz, todos los asesores estadounidenses que sirvieron en El Salvador a finales de los ochenta coincidieron en que “los militares salvadoreños no querían ganar la guerra, porque si lo hicieran perderían la ayuda estadounidense que les ha permitido enriquecerse durante la última década”[5].

Los catorce jefes militares de mayor rango en las FAS, destacados en cada departamento de El Salvador, tenían plazas fantasmas de soldados, estas brigadas ficticias estaban en planilla de salarios, Joel Millman afirmó en el New York Times, “cada año, los catorce jefes militares más altos se reparten veinte mil salarios entre ellos; si cada paga alcanza la suma de 100 dólares mensuales, estaríamos hablando de unos 24 millones de dólares que se desvían para ese fondo”[6].

La corrupción de la FAS, inclusive, causó malestar a su interior, el Movimiento de Oficiales Jóvenes “Domingo Monterrosa Vive”, enviaron una carta al presidente Alfredo Cristiani, exigían que se investigara al general García, a los hermanos Vides Casanova, a los coroneles Morán, Nicolás Carranza, Flores, Yanes y a Humberto Villalta[7]. Algunos de estos se había ido a residir al extranjero en especial a los EE.UU., otros se convirtieron en terratenientes y empresarios[8].

Los oficiales de la FAS en el contexto de guerra incrementaron el contrabando, el tráfico de armas, drogas, vehículos robados, personas[9], etc.

Efectivamente, sin la participación o complicidad de algunos oficiales de la Fuerza Armada, bajo cuya custodia estaban las fronteras, los puertos y aeropuertos, el control de carreteras, etc., no hubiera sido posible un incremento de gran magnitud, como el que hubo, en el contrabando de mercadería, tráfico de armas y de droga, bandas internacionales de robacarros, redes para el paso de emigrantes indocumentados, industria del secuestro, etc.[10]

Los soldados tenían la moral baja porque estaban peleando obligados so pena de muerte al negarse, era una guerra contra su propio pueblo y, mientras tanto, la oficialidad se enriqueció a costa de los muertos, heridos y minusválidos que ponía el pueblo.

La soldadesca de la FAS pertenecía a los más pobres de El Salvador, habían sido reclutados, la gran mayoría a la fuerza, en verdaderas cacerías humanas, peleaban una guerra impuesta por la oligarquía, sin embargo los hijos e hijas de éstos se encontraban en el extranjero, disfrutando de los miles de millones de dólares captados de la ayuda militar estadounidense, del erario público y producto de las injustas estructuras de explotación que le imponían al pueblo salvadoreño.

Por tal razón, los soldados engañaban a sus oficiales, por ejemplo el oficial al mando preguntaba por radio a los soldados que había enviado al campo de batalla que si ya habían cumplido la misión encomendada, respondían que sí, pero realmente no la habían hecho, el oficial satisfecho con la respuesta les ordenaba regresar[11].

Los soldados tenían miedo de ser heridos, quedar lisiados o perder la vida, según datos oficiales de la Fuerza Armada de El Salvador, durante el conflicto armado “fueron casi 28.000 los miembros de la institución que murieron o resultaron heridos en acción, quedaron lisiados o desaparecidos”[12].

En otras ocasiones los soldados cuando se encontraban en zona de combate encendían sus radios para que la música fuera oída por los guerrilleros, para no tener enfrentamientos militares al encontrarse sorpresivamente y poner en peligro innecesario sus vidas, era una forma de aviso[13].

Varios soldados capturados por el FMLN le expresaron a Charles Clements, médico estadounidense y ex veterano de la guerra de Vietnam, lo siguiente: “En la zona de Guazapa, conocida por ellos como “el cementerio”, el pago de diez colones al sargento indicado lo excusa a uno de un patrullaje nocturno por la carretera a Suchitoto”[14], en este caso se conjugaba el binomio baja moral con corrupción de la tropa.

El binomio en mención llegó a los extremos que los soldados le vendían armas al FMLN, “muchos soldados no resistían la tentación de hacer dinero. También vendían información”[15].

No obstante, el mayor negocio sin lugar a dudas lo realizaban los militares salvadoreños de alto rango, por tal motivo al defender la guerra protegían el negocio que estaban haciendo de la misma, la oposición a la reforma constitucional de la FAS y a la depuración no era por lealtad castrense sino porque se sanearía la institución y ellos serían sacados de la FAS por corruptos. “En los círculos políticos de Washington existe cada vez más el convencimiento de que la política hacia El Salvador ha sido un fracaso y que el principal obstáculo para la paz es la Fuerza Armada”[16].

Los oficiales de la FAS tenían ante la población salvadoreña un discurso pacifista y una imagen democrática y honesta, el coronel René Emilio Ponce decía: “Estamos actualmente interesados en un proceso de diálogo que persigue esencialmente, el logro de la paz en nuestro país”[17].

La FAS tenía el control de la población civil a través de la Policía Nacional (PN), Policía de Hacienda (PH) y la Guardia Nacional (GN), eran los cuerpos de “seguridad pública”, encargados de obtener información sobre las personas que criticaban a la dictadura, asimismo sobre los agremiados, sindicalistas y miembros de la oposición política; sólo la GN y la PN tenían, entre 6,500 y 7,000 mil efectivos[18].

Cuando en el proceso de negociación se abordó la eliminación de los cuerpos de seguridad, la FAS reaccionó violentamente porque se le querían cercenar los tentáculos del control sobre la ciudadanía y, los principales órganos policíacos violadores de los derechos humanos.

En el proceso de diálogo se puso sobre la mesa de negociación la depuración de los militares corruptos y violadores de los derechos humanos, en ese momento los oficiales de la FAS se volvieron fieles defensores del ordenamiento jurídico de El Salvador.

La extrema derecha, incluida la mayoría de los militares, ha demostrado que sus temores no radican en cambiar la letra de la Constitución, sino en que se ponga fin a la impunidad de la cual han gozado y que les ha permitido neutralizar eficazmente todos los intentos para democratizar el país. En sentido estricto, la democratización es contraria a sus intereses y a su modo de vida[19].

La FAS fue enemiga del proceso de negociación y de la paz en El Salvador, además de haber violado sistemáticamente los derechos humanos y haber cometido crímenes de lesa humanidad. No obstante, el presidente Armando Calderón Sol en su calidad de comandante general de la FAS, afirmó exactamente lo contrario.

Calderón Sol en la celebración del día del soldado, el siete de mayo de 1999, se dirigió a la FAS y les dijo: “reconociéndoles a todos su aporte significativo a la consolidación de la paz y la democracia, así como al proceso de desarrollo nacional”[20].

NOTA: Este artículo puede ser reproducido y reenviado, siempre y cuando se cite al autor.

[1] ANA GUADALUPE MARTÍNEZ, Ex miembro de la Comisión Negociadora del FMLN, y diputada suplente del Partido Demócrata Cristiano (PDC), entrevista realizada en la Asamblea Legislativa, San Salvador, jueves 17 de marzo de 2011, a las 12:10 pm.

[2] JOEL MILLMAN, Op. cit., 10-09-1991, p.17.

[3] Cfr. CHARLES LANE, ““El tiburón piloto de El Salvador: la crueldad y corrupción de Juan Rafael Bustillo”, Ed. cit., p.12.

[4] OSCAR BONILLA y LUIS FERNANDO VALERO IGLESIAS, “El camino hacia la paz en El Salvador”, El Salvador: la transición socio política, de la guerra a la paz, San Salvador, Centro de Investigación y Acción Social (CINAS), cuaderno de trabajo No.14, junio de 1992, p.46.

[5] BENJAMIN SCHWARZ C., American Counterinsurgency Doctrine and El Salvador. The Frustrations of Reform and the Ilusion of National Building, elaborate for Secretary of Defense for Policy, RAND Corporation, 1991, p.19. Apud. GINO COSTA, La Policía Nacional Civil de El Salvador (1990-1997), San Salvador, UCA-Editores, 1999, p.162.

[6] H. S., “Comentarios: militarismo y democratización”, ECA Estudios Centroamericanos, Ed. cit., Nos. 529-530, diciembre de 1992, p.1018.

[7] Cfr. MOVIMIENTO DE OFICIALES JOVENES “DOMINGO MONTERROSA VIVE”, Carta abierta al Sr. Presidente de la República y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada de El Salvador; a nuestros Jefes y Alto Mando de la Fuerza Armada; a los señores Diputados y Ministros de Estado; a la prensa nacional e internacional y al pueblo salvadoreño en general, San Salvador, mayo de 1990, en Diario Latino, (San Salvador), 04.05-1990, p.12.

[8] Vide. El fin de la guerra acabaría con el negocio de los militares”, Excélsior, (México), 25-07-1990, p.20ª.

[9] Para obtener una visión diferente de lo que fueron los militares salvadoreños antes y durante el conflicto armado, consulte a, RENÉ OBDULIO FLORES CRUZ, Memorias de un soldado, San Salvador, Imprenta C-V, 2010, p.92.

[10] RICARDO RIBERA, “¿Hacia dónde va la derecha?”, Partidos y actores políticos en transición: la derecha, la izquierda y el centro en El Salvador, San Salvador, Konrad Adenauer Stifung, 1996, p.29.

[11] Cfr. MARÍA LÓPEZ VIGIL, Muerte y vida en Morazán: testimonio de un sacerdote, Op. cit., p.114.

[12] Sitio electrónico del Centro de Comunicaciones y Protocolo de la Fuerza Armada, http://www.fuerzaarmada.gob.sv. Apud. INSTITUTO DE DERECHOS HUMANOS DE LA UNIVERSIDAD CENTRO AMERICANA “JOSÉ SIMEÓN CAÑAS” (IDHUCA), La agenda pendiente, diez años después (de la esperanza inicial a las responsabilidades compartidas), San Salvador, Talleres Gráficos UCA, 2002, p.191

[13] CHARLES CLEMENTS, M.D., Guazapa: testimonio de guerra de un médico norteamericano, San Salvador, UCA-Editores, Sexta edición, 1993, p.105.

[14] Ibid., p.130.

[15] RUFINA AMAYA, MARK DANNER y CARLOS ENRÍQUEZ CONSALVI, Luciérnagas en El Mozote, San Salvador, Museo de la Imagen y de la Palabra, cuarta edición, 2003, p.64.

[16] “Editorial: ARENA ha empeorado la crisis del país al no comenzar a resolverla”, ECA-Estudios Centroamericanos, Ed. cit., Nos. 500-501, junio-julio de 1990, p.393.

[17] RENÉ EMILIO PONCE, La Fuerza Armada ante el proceso del diálogo, en ECA-Estudios Centroamericanos, Ed. cit., Nos. 500-501, junio-julio de 1990, p.555.

[18] GINO COSTA, La Policía Nacional Civil de El Salvador (1990-1997), Ed. cit., p.142.

[19] “Editorial: ¿Por qué no avanza la negociación”, Op. cit., p.397.

[20] ARMANDO CALDERÓN SOL, Mensaje del señor presidente de la República y comandante general de la Fuerza Armada al soldado salvadoreño, San Salvador, 07-05-1999, en MINISTERIO DE LA DEFENSA NACIONAL, Informe de labores 1998-1999, San Salvador, 1999, p.33.
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