26.7.10

Para una Sociología de las Maras

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Las negrillas, cursivas, sangrías y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio sociológico.

Tomado de:


Noticias de El Salvador - ContraPunto

Radiografía de una masacre anunciada
Domingo, 25 Julio 2010

Los residentes de Mejicanos sabían que algo terrible iba a suceder, a partir de la guerra sin cuartel que libran en la zona las dos pandillas. Y sucedió el domingo 20 de junio.

Por Carlos Santos

SAN SALVADOR - Mejicanos, Cuscatancingo y Ayutuxtepeque, al norte de la capital, conforman un cinturón histórico de pobreza. Desde hace muchas décadas esta área se ha visto marginada y olvidada, originalmente eran ciudades dormitorios que no contaban con programas sociales.

Después de los acuerdos de paz, de 1992, estas regiones crecieron descontroladamente, y con ello aumentó la pobreza hasta alcanzar grados de miseria, ningún gobierno se preocupó por prevenir el aumento acelerado de la violencia.

Las maras o pandillas encontraron aquí tierra fértil, las familias estaban desintegradas: padres que emigraban a Estados Unidos, con el afán de buscar una vida mejor; o simplemente trabajaban de sol a sol, sin prestar atención a los hijos, quienes formaron poco a poco parte de un ejército de pandilleros.

Las maras han llegado a controlar extensos territorios: extorsionando, asesinando, y traficando con droga, con toda la impunidad que desde muchas décadas ha imperado en esta zona.

“Aquí hay que tener cuidado”

En esta zona se libra una guerra silenciosa entre la Mara Salvatrucha y la Mara 18.

En un principio, en las primeras visitas a la zona para la elaboración de este reportaje, mencionar la palabra Mara era tabú, los comerciantes y vendedores ambulantes evadían el tema.

Fue hasta hace poco y a raíz de la quema del microbús de la ruta 47 con sus ocupantes dentro, el 20 de junio, que la indignación le ganó al temor.

Diecisiete personas murieron en ese hecho. La gente comenzó a hablar.

María (nombre ficticio) tiene 78 años, comercia todos los días con verduras, vive en la colonia Montreal, una zona controlada por la Mara Salvatrucha.

Ella afirma que al principio los pandilleros se endrogaban y únicamente pedían una moneda, pero poco a poco se fueron volviendo violentos, empezaron a “rentear” (extorsionar) a las pocas tiendas, pupuserías y a las familias que tenían mayor posibilidad económica.

—Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, aquí en el mercado de Mejicanos hay muchos vendedores que tienen hijos en las maras y después les informan a ellos: madres, padres e hijos están involucrados —dice María.

Guarda silencio y luego reanuda sus comentarios.

Con bajo salario y recursos limitados, la PNC combate los distintos rostros del crimen organizado, una batalla que termina en saldo mortales e impunidad.

—Cada semana tengo que pagarles cinco dólares a los mareros, ellos pasan y apuntan en un cuaderno, vienen bien vestidos, no se les ve los tatuajes, ni ninguna malicia de que son criminales—.

— ¿Por qué no los denuncia a la policía? —le pregunto.

La señora que con su cabeza completamente cana y su espalda encorvada, contesta en voz baja y viendo a su alrededor con temor.

—No hay que hablar tan fuerte.

La policía no sirve de nada, hace un mes mataron a un señor que tenía una barbería y que dicen buscó ayuda para no pagarles la renta a estos desalmados, el pobre señor quedó en medio de la calle, lleno de balazos, y nadie ha sido capturado.

No, aquí nadie puede confiar en la policía, porque dicen que ellos también están involucrados con las maras.

Fíjese que en la colonia Montreal, allí están los mareros con pistolas en las cinturas, hay hasta niñitos de diez, once o doce años, la policía no llega a detenerlos, no hacen nada porque no quieren, pues ellos ya saben a donde encontrarlos—.

— ¿Qué pasa cuando no tiene dinero para pagarles?

—Me dicen que la deuda va aumentando, que les debo más y que la próxima semana tengo que pagarles, esto es injusto, porque hay días que sólo vendo un dólar en todo el día, y allí tengo que comprar la venta para el día siguiente, pero qué podemos hacer, si no pagamos nos pueden matar, así que esto no se aguanta.

Aquí hay que tener mucho cuidado, cuidarse de no andar haciendo preguntas a la persona equivocada, porque ellos lo pueden matar, concluye la anciana fastidiada, guarda silencio y continúa preparando bolsas plásticas con tomates, cebollas y chiles verdes.

Territorio Comanche

Los Pandilleros de la Mara Salvatrucha bajaban a diario de la colonia Montreal, utilizando los microbuses de la ruta 47 y 32.

Los motoristas de esas rutas, ya sea por amenazas o porque son parte de la mara actúan como choferes al servicio de los pandilleros, este es otro secreto que todos los comerciantes conocen y que dicen que la policía también está enterada.

Hace quince días, un joven fue asesinado en la calle principal de Mejicanos, su cuerpo quedó en medio de la vía pública durante toda la tarde en espera de que Medicina Legal llegara a reconocerlo.

El cadáver quedó expuesto ante la mirada de niños y adultos que transitaban con temor por esta calle bautizada como “calle de la muerte”, pues durante un tiempo se cometían homicidios casi semanalmente.

El asesinato es parte de la guerra desatada entre las dos pandillas. El joven pertenecía a la Mara Salvatrucha, estaba solo, en territorio enemigo.

Los policías que custodiaban el cadáver, al ser entrevistados, se mostraron apáticos y poco colaboradores, dijeron sarcásticamente que trabajaban más de la cuenta por el mismo salario y que no podían combatir a los pandilleros, pues contaban con recursos limitados, que los radiopatrullas estaban en mal estado, que incluso ellos temían meterse a territorio controlado por las maras, pues corrían peligro. Los mareros son muchos y están bien armados.

Para corroborar las afirmaciones de los policías, ContraPunto trató infructuosamente de contactar al Comisionado Avelenda, encargado de la delegación policial de Mejicanos.

Además de las señoras humildes que circundan las calles aledañas a la alcaldía de Mejicanos, varios comerciantes afirman que las autoridades policiales y de la alcaldía ya estaban enteradas de las extorsiones y amenazas a muerte, sin embargo hacían oídos sordos.

—Con varios dueños de comercios nos juntamos y decidimos enviarle una carta al alcalde de Mejicanos [Roger Blandino Nerio] allí le exponíamos que estábamos siendo extorsionados y amenazados a muerte, que le solicitábamos interceder ante la policía, pues nosotros no confiábamos en los agentes policiales —dice uno de los comerciantes, que por razones obvias pide mantener su nombre en reserva.

Y agrega:

—Pero no recibimos respuesta, el alcalde guardó silencio ante nuestra petición. Si nos hubieran escuchado la masacre de aquel domingo 20 de junio se hubiera evitado. Porque los mareros que nos extorsionan no pertenecen a este lugar, ellos bajan en los microbuses de la ruta 47 y 32—.

— ¿Cómo vienen los pandilleros a extorsionarlos?

—La primera vez aparecieron varios jóvenes, me enseñaron un tatuaje en el brazo y me dijeron que eran de la Mara Salvatrucha, que llamara a un número de teléfono, que si no lo hacia me matarían.

Cuando llamé me contestó un hombre y me exigió una cuota mensual de dinero, me dijo que si no pagaba me matarían. Y desde ese día una vez al mes pasa un muchacho o un niño a recoger el dinero, siempre son diferentes—.

—La gente cree que porque tengo un negocio, tengo dinero, pero no saben que los gastos son muchos, tengo que pagar los impuestos a la alcaldía, la electricidad subió el cien por ciento, el agua este mes me vino de 40 dólares, los productos no se venden como antes y sobre esto hay que pagarle a los mareros.

Muchos negociantes han cerrado, mejor prefirieron irse de la zona, eso le dijimos al alcalde en la carta, pero no le importó, la verdad es que a nadie le importa.

Aquí uno tiene que velar por uno mismo, la gente en el gobierno no van a ayudarle a uno —concluye el comerciante con un dejo de amargura.

Pese a los varios intentos, el alcalde Nerio no concedió una entrevista a ContraPunto para hablar sobre la carta.

La pandilla contraria, la Mara 18, controla las colonias del centro de Mejicanos, Cuscatancingo y Ayutuxtepeque. Muchos pobladores saben que la Mara Salvatrucha vio la posibilidad de aniquilarla y quedarse con el territorio. Varios miembros de la 18 fueron asesinados desde los buses de la ruta 47 y 32. De esta manera la guerra inició.

Un reconocido líder comunitario que vive en la colonia Polanco, cree que de alguna manera las autoridades y la comunidad son responsables de la magnitud que la violencia está asolando esta región.

—Desde hace años vengo planteando el problema de las maras, pero nadie me hacía caso, el partido al que pertenezco le interesaba más los problemas ideológicos que ver la realidad en la que estamos inmerso las comunidades pobres.

Yo soy un viejo luchador, desde los años sesenta trabajo con las comunidades, he sido organizador, pero ahora lo que veo es una apatía terrible de parte de muchos líderes y gente en el gobierno. Es verdad que este problema social lo generó la derecha y su mal gobierno, pero es tiempo de detenerlo, de buscar soluciones—.

— ¿Quiere decir que el actual gobierno no tiene un plan definido para combatir a las maras? —le pregunto.

—Si lo tiene, yo no se lo he visto. Militarizar y llenar las cárceles no es la solución, eso lo criticábamos cuando éramos oposición, los muchachos que conforman las maras son nuestros jóvenes que simbolizan el futuro del país, muchachos que no han tenido oportunidad de encontrar un trabajo decente, no han podido terminar los estudios porque de niños han trabajado, la mayoría de ellos provienen de familias pobres, en donde solo la madre es la cabeza de familia, esta es una realidad triste a la que todos hacen oídos sordos. Esta guerra de las maras es tonta, a diario se siguen matando, nada menos hace dos días aquí donde estamos hablando vinieron a matar a dos muchachos.

Yo no he visto cambios con este nuevo gobierno, es una lástima porque a diario nos reunimos con la policía, con la alcaldía, con encargados del gobierno para prevenir la violencia y al final solo son pláticas y promesas, ya llevamos más de un año en lo mismo.

Un vendedor de pan afirma que la masacre de la noche de aquel domingo 20 de junio, en contra de los usuarios de la ruta 47, era previsible,incluso él sabía que la mara 18 se iba a vengar incendiando un bus, matando al motorista y al cobrador, porque la Mara Salvatrucha había matado a bastantes miembros de la 18 y se habían tomado este territorio. Aquí los rumores corrían de esta masacre meses antes.

Desde ese fatídico día, cuando pandilleros de la Mara 18 incendiaron un microbús de la ruta 47 con los usuarios a bordo, la presencia policial y del ejército aumentó en este cinturón de pobreza y miseria.

De boca de mucha gente que vive o trabaja en Mejicanos se escucha un nuevo rumor, como si hablaran de una profecía:

“Cuando la policía deje de patrullar esta zona, la Mara Salvatrucha bajará de la colonia Montreal para vengarse por la masacre del microbús”.

De cumplirse este rumor, la espiral de asesinatos continuará sin rienda, sin que el actual gobierno le atine para frenar estas masacres anunciadas, en donde al final los muertos los siguen poniendo los más pobres.
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