27.8.10

Las luchas populares del siglo XIX en El Salvador

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Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

LAS LUCHAS POPULARES DEL SIGLO XIX EN EL SALVADOR

Por Roberto Pineda*
*Docente de la Universidad de El Salvador

San Salvador, agosto de 2010



La lucha de clases en El Salvador durante el siglo XIX fue básicamente un enfrentamiento inicial entre sectores colonialistas e independentistas, y luego entre sectores de los terratenientes añileros y de la emergente oligarquía cafetalera.
Los sectores populares más avanzados acompañaron a los elementos más radicales del partido liberal mientras los más atrasados a los del partido conservador.

Las denominaciones de ambos grupos fueron cambiando, popularmente eran conocidos como bacos y cacos, como imperiales y republicanos, como serviles y fiebres, y finalmente como conservadores y liberales.
Los sectores populares- ladinos, mulatos, negros, indígenas, artesanos, mujeres- no contaron durante todo este siglo ni con organizaciones que representaran sus intereses, a excepción de la gloriosa gesta de Aquino, ni tampoco con una ideología liberadora que reflejara su visión como sectores oprimidos durante la colonia y durante la época republicana. Los sectores más avanzados de estos grupos supieron captar en los planteamientos de los independentistas y luego de los líderes liberales, los motivos y las fuerzas a las que había que acompañar, más por instinto de clase que por conciencia. Los sectores más atrasados fueron manipulados por caudillos militares y civiles.

Desde los primeros años del siglo XIX registramos las primeras capturas de luchadores independentistas, las cuales es importante rescatar como parte de la historia de sacrificio que acompaña cada tramo de avance histórico popular. En la interpretación de estos acontecimientos y de sus protagonistas observamos dos visiones contrapuestas: los que sobredimensionan el papel jugado por los “próceres” y ocultan el rol desempeñado por los sectores populares y por otra parte, aquellos que reducen el proceso de lucha independentista y de lucha liberal a una agenda de necesidades económicas de la clase añilera emergente y luego del sector cafetalero, y niegan o minimizan el papel de la ideología, y su fuerza transformadora.

Por nuestra parte, pensamos que debe existir un balance entre ambos enfoques, que permitan identificar las necesidades del desarrollo de las fuerzas productivas en conflicto con las relaciones de producción, con las del papel de los individuos en la historia. En 1810 encontramos el primer ejemplo de luchadores independentistas que son encarcelados por sus ideas. Los sectores populares se incorporan a las fuerzas independentistas criollas que se enfrentan a los “españoles peninsulares” y luego se convierten en base de apoyo de los diversos proyectos liberales.

Durante un siglo los sectores populares acompañaron los esfuerzos de los caudillos independentistas y liberales en diversas formas de lucha y en variados escenarios, desde la lucha electoral hasta la lucha armada, y dentro y fuera de las fronteras patrias. En este proceso y como resultado de los cambios impulsados por las fuerzas liberales, se fue consolidando una oligarquía cafetalera, que vino a desplazar a la antigua oligarquía añilera que encabezó el proceso de independencia, y que sería la fuerza económica dominante durante el siguiente siglo.

En estos cien años, únicamente la gesta guerrillera de Anastasio Aquino rompe con el esquema liberal y establece un original episodio nacional, en el cual los sectores indígenas se lanzan al asalto del poder. Es la tribu de los nonualcos alzada contra la leva de sus jóvenes para guerras “de los blancos” y el despojo de sus tierras ancestrales.

A continuación presentamos esta breve reseña histórica.

1. “Muerte a los chapetones” gritaban los sectores populares en noviembre y diciembre de 1811.

“Muerte a los chapetones” fue el grito de guerra de centenares de patriotas, hombres y mujeres, alrededor del país, que se incorporaron a la causa independentista que se fue convirtiendo en un combativo movimiento nacional, que tuvo como vértice la demanda en la ciudad de San Salvador, el 5 de noviembre de 1811, de la liberación del padre Manuel Aguilar, capturado y encarcelado el día anterior en Guatemala por el régimen colonial, por sus posiciones independentistas. El 14 de noviembre estalló otra insurrección independentista en León, Nicaragua.

En esa época, la Intendencia de San Salvador se hallaba dividida en cinco “partidos”: San Salvador, Olocuilta, Zacatecoluca, San Vicente, Usulután, San Miguel, Gotera, San Alejo, Sensuntepeque, Opico, Tejutla, Chalatenango, Santa Ana, Metapan y Cojutepeque. En Metapan estaban los ingenios de hierro y la mayor parte de la población era española. En Cojutepeque la mayoría de la población era india y estaba a cargo de un teniente subdelegado.

Ya en junio de 1810 habían sido capturados y encarcelados en San Miguel, los patriotas de la población oriental de San Alejo, Justo Zaldívar y Valentín Porras, que son los primeros presos políticos de que tenemos registro histórico. (Monterrey 1977) Ese 5 de noviembre de 1811, a las 4 de la mañana José Matías Delgado tocó las campanas de la iglesia La Merced para convocar a la población para exigir la liberación de Aguilar, unas horas más tarde, Manuel José Arce dirigió un mitin con el mismo fin a frente al edificio del Ayuntamiento, con centenares de hombres y mujeres en disposición de lucha.

Arce proclamó: “no hay Rey, ni Intendente, ni Capitán General, solo debemos obedecer a nuestro Alcaldes…”
Los sectores populares, conducidos por el núcleo independentista, asaltan la Sala de Armas y se apoderan de los fusiles así como se toman las Cajas Reales. Tenían armas y dinero. Además deponen al Intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa. Fue un levantamiento popular.
No obstante que hubo levantamientos en otras partes del país que acompañaron este primer esfuerzo, como en Pedro Grande, Santiago Nonoalco, Cojutepeque, Tejutla ( levantamientos indígenas) Usulután, Chalatenango, Santa Ana, Metapan y en diciembre en Sensuntepeque, al final las fuerzas independentistas fueron aisladas y derrotadas y muchos de sus dirigentes nacionales y locales fueron enviados a la cárcel en la ciudad de Guatemala.

Es importante rescatar de esta primera experiencia en términos de programa y de participación popular, que en Santa Ana los insurgentes del barrio España exigieron las siguientes demandas:
1. Que se quiten los impuestos del fondo de reserva (cuatro reales anuales que tenia que pagar todo hombre desde la edad de doce años hasta la de cincuenta).
2. Que se quite la alcabala (medio real por cada peso del valor de la venta de una res).
3. Que se quiten los estancos de aguardiente.
4. Que el tabaco se venda en los estancos a tres reales la libra.
5. Que dejen de mandar los chapetones y que solamente manden los criollos.
Son derrotados por las fuerzas coloniales y capturados Juan de Dios Trigueros y su mujer Juana de Dios Arriaga; Lucas Monzón y su mujer Inés Anselma Ascensio, Juana Dominga Fabia de Reina, mujer del cabecilla Francisco Reina.

En Metapan “los vecinos indios y ladinos se insubordinan…Los principales autores de la insurrección fueron el Alcalde indio Andrés Flores, su hermano Lucas Flores, el negro José Agustín Alvarado, la señora María Madrid.” En Sensuntepeque, participan del levantamiento las señoras María Feliciana de Los Ángeles y Manuela Miranda.

El arzobispo de Guatemala, Ramón Casaus y Torres, un personaje siniestro, calificó a los patriotas como “bandidos, asesinos y herejes.” Durante 1812 y 1813 los patriotas se repliegan y se dedican a reagrupar sus fuerzas y a realizar labores de propaganda como la colocación de pasquines en las casas de los principales funcionarios coloniales. Se logra crear una sólida estructura organizativa en los cinco barrios de la capital: Concepción, San Esteban, Remedios, Candelaria y San José.

En enero de 1813 se realiza una manifestación para exigir la libertad del padre Manuel Aguilar, encarcelado en Guatemala desde 1811. El Intendente se ve obligado a liberarlo y esto se constituye en una importante victoria popular. Es liberado el 5 de marzo y pronuncia un valiente discurso en el que denuncia a la opresión colonial.

Entre otras cosas plantea Aguilar en su discurso que “si por decir la verdad se me persigue, estoy pronto a marchar al sacrificio, porque como representante de Cristo, es mi deber predicar la verdad…”

En diciembre de 1813 los sectores populares eligen a Manuel José Arce como Diputado a Cortes, derrotando a los candidatos realistas, así como eligen a Alcaldes independentistas en los cinco barrios de la capital. Esta victoria fue celebrada con una misa en la iglesia Parroquial presidida por el padre Vicente Aguilar.

2. Pedro Pablo Castillo y el levantamiento de 1814.

El 24 de enero de 1814 ocurre un segundo levantamiento, esta vez como respuesta a una acción represiva del Intendente Peinado que manda poner en la cárcel a algunos de los Alcaldes elegidos democráticamente recientemente por los diversos barrios, aprovechando los espacios abiertos por la Constitución de Cádiz de 1812 que permitió la representación popular,, garantizando así a los sectores independentistas un nuevo terreno para acumular fuerzas en contra de la Corona española. Peinado ordenó la captura del Comisionado Francisco Campos, y de los alcaldes Domingo Ramos, de José Obispo Campo y de Pedro Pablo Castillo (1780-1817).

Castillo, de origen humilde, nace en el barrio de Candelaria, cohetero de oficio, mestizo, combativo, fue un destacado luchador independentista. Los españoles lo identificaron acertadamente como el alma de la revolución.

Ya antes en 1813 el Intendente Peinado había invalidado en dos ocasiones las elecciones realizadas de acuerdo a la Constitución de Cádiz de 1812, debido a que siempre ganaban los candidatos independentistas, hasta que en la tercera elección logró que se eligieran algunos de sus seguidores. Entre los Alcaldes electos se encontraban Juan Manuel Rodríguez, Pedro Pablo Castillo, Felipe Herrera, Manuel Delgado, Tomas Carrillo, etc.

Frente a este hecho represivo, Pedro Pablo Castillo, Alcalde segundo de San Salvador -que no fue capturado- se reúne en la sacristía de la Parroquia (Iglesia del Rosario) y convoca a la población a reunirse en el Ayuntamiento. Y se van concentrando grupos de manifestantes, gritando por las calles: ¡libertad! ¡libertad! Se manifiestan en franca actitud insurreccional: 150 en la Parroquia; en un solar vacío detrás de la parroquia otros 150 al mando de Manuel José Arce; frente al Convento de San Francisco (ahora ex Mercado Cuartel) mil hombres, en la plazuela de la Presentación, mil hombres, en la plazuela de Santo Domingo (hoy Catedral), otros mil hombres y también habían concentraciones en La Merced y en el puente del Acelhuate. Pedro Pablo Castillo, al mando de las fuerzas en san Francisco, se enfrentó en duelo de balas con el jefe militar español Zaldaña y lo derrotó. La muerte de Zaldaña asustó a algunos líderes independentistas, pero también caldeo el ánimo insurreccional de los sectores populares.

Las masas populares se indignaron por la captura de los alcaldes y se lanzaron a las calles para exigir: libertad de los presos políticos y desarme de los “voluntarios.” Peinado se negó al principio pero luego cedió en el primer punto. Y ganó tiempo para contraatacar y derrotar a los sectores rebeldes, los cuales fueron capturados y enviados a la cárcel en Guatemala. A los lideres los sometieron a “juicios de infidencia.”

El alcalde Juan Manuel Rodríguez al observar el ánimo insurreccional de los sectores populares decide ir a convencer a Peinado para que ponga en libertad a los capturados y logra su objetivo. Pero a medianoche, una patrulla del Cuerpo de Voluntarios de Fernando VII, grupo paramilitar al servicio de la Corona, dispara de manera criminal contra un grupo de patriotas que estaba en San Francisco y asesinan a Faustino Anaya y hieren a Domingo Lara.

Se declara la insurrección. No se asaltan los cuarteles por falta de armas. El Intendente decreta la ley marcial y sus tropas abren fuego contra los insurgentes. Pedro Pablo Castillo logra huir auxiliado por el padre Vicente Aguilar, que le presta el caballo y sus hábitos sacerdotales, luego que la tarde del día 25 la orden de su arresto fue publicada por bando militar en las cuatro esquinas de la Plaza mayor (hoy Plaza Libertad) y fue despachado por cordillera hacia las otras ciudades de la provincia. El 26 de enero son capturados el Alcalde primero Juan Manuel Rodríguez, Crisogono Perez y Santiago José Celis. En Chalatenango capturan al Alcalde Antonio Valle, en Usulután a Gregorio Melara y Juan José Mariona, agitadores independentistas. Son enviados a la cárcel en Guatemala.

Todavía el 27 de enero el pueblo insurrecto se toma el barrio La Vega y es desalojado por las tropas realistas. En marzo encarcelan de nuevo en Guatemala al padre Manuel Aguilar. El 2 de abril encarcelan a Nicolás y Vicente Aguilar, ambos sacerdotes. El 17 de abril José Santiago Celis, sonsonateco, “patriota de corazón, ardiente entusiasta por la libertad, fue estrangulado inhumanamente, ceñido con un cordel al cuello, en un pilar interior de las cárceles de San Salvador, por orden de Quiroa (Larde y Arthes, 1930) El 5 de mayo encarcelan a Manuel José Arce, al padre Mariano Antonio de Lara y a Juan Arauzamendi. Peinado ordena que se declare sospechosa toda reunión de tres hombres y que los rumbos y bailes, sean concluidos en horas tempranas.

En enero de 1817 una real cedula concedió indulto a todos los reos políticos. Con algunas excepciones, a Domingo Antonio de Lara se le condenó en mayo de ese año, a ocho años de presidio en El Morro de La Habana. El 14 de agosto de 1817 muere en Jamaica el luchador independentista Pedro Pablo Castillo. El 4 de julio de 1818 fueron puestos en libertad los reos políticos del levantamiento de 1814. El 25 de mayo de 1819 muere en Guatemala el padre Manuel Aguilar, confinado en ese país desde 1814.

El 24 de julio de 1820 surge la prensa revolucionaria en Guatemala, con el periódico El Editor Constitucional, publicado por el Dr. Pedro Molina, destacado independentista.
Para contrarrestar esta iniciativa, los conservadores fundan a su vez el periódico El Amigo de la Patria, conducido por José Cecilio del Valle.
3. El Acta de Independencia del 15 de septiembre de 1821 y el temor a las masas independentistas.

Grandes movilizaciones populares obligaron en la ciudad de Guatemala, el 15 de septiembre de 1821 a declarar la Independencia y colocar en su primer artículo que “para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo.” Tenían los criollos temor de las masas populares.

Durante este año en febrero en la población de Iguala, México, el general del Ejercito Español, Agustín de Iturbide, había proclamado la independencia de México. Este hecho iba a influir sobre las clases dominantes locales para buscar salidas mediatizadas que resolvieran la crisis política existente, pero que evitara una solución radical. Por su parte, los sectores independentistas cuentan ya con una década de experiencia política y están en la disposición de avanzar hacia la independencia.

El 14 de septiembre se realizo en San Salvador un Cabildo Abierto para conocer sobre el Plan de Iguala, en el cual ”el vecindario entusiasmado opta por la independencia incondicional” (Monterrey, pág. 61). Ese mismo día en la ciudad de Guatemala, fue convocado otro cabildo Abierto en el Palacio de los Capitanes Generales, para evaluar la situación existente, que acuerda convocar para el siguiente día a Junta General.

El 15 de septiembre luego de una intensa y acalorada discusión, el sector conducido por José Matías Delgado logra en Guatemala que se declare la emancipación política de Centro América. Al acta de esta reunión se le llamó Acta de Independencia y fue redactada por José Cecilio del Valle, quien le imprimió su propia visión ambigua y reaccionaria. Sobre el primer artículo Larde y Arthes (1930) opina que “envuelve una amenaza y teme a la soberanía del pueblo, a quine no concede el derecho de proclamar la independencia. La redacción es maliciosa.”

El 21 de septiembre se conoció la noticia en San Salvador y se convocó al Ayuntamiento, el cual proclamó el Acta de Independencia de San Salvador. El 30 de septiembre se efectúan elecciones para nombrar a los siete miembros de la Junta Consultiva de Gobierno. Las elecciones son ganadas por los patriotas y entonces el Intendente Barriere de manera dictatorial como era su estilo, disuelve la reunión y captura a Domingo Antonio de Lara, Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez y los remite a Guatemala. El 27 de octubre se nombra a José Matías Delgado como Intendente de San Salvador, que al asumir su cargo libera a los patriotas encarcelados por Barriere, y los incorpora a su gabinete.

El PCS (1964) considera que en 1821 “la independencia llevó a los añileros al poder.”

4. José Matías Delgado, luchador antiimperialista 1767-1832.

El sacerdote José Matías Delgado (1767-1832) es la figura más destacada del combativo movimiento independentista que se enfrentó a la Corona española de Fernando VII, a las pretensiones imperialistas del Emperador mexicano Agustín de Iturbide e incluso a la prepotencia del papa León XII. Fue un ardiente patriota, organizador, agitador, educador, organizador, conspirador, diplomático, ideólogo, teórico y conductor político y militar de las primeras décadas del siglo XIX.

En el caso de José Matías Delgado debemos proceder a una minuciosa y objetiva labor de rescate histórico, hay que arrebatárselo a la oligarquía y reivindicar desde los sectores populares su recia figura antiimperialista, porque él fue el símbolo inicial de nuestra lucha desde los oprimidos contra los imperios, derrotó tanto a los españoles como a los mexicanos. Por muchos años la derecha se lo ha apropiado y la izquierda no ha tenido la madurez para asumirlo como figura.

Y es que José Matías Delgado procedía de los sectores terratenientes añileros. Pero su origen de clase era diferente a su posición de clase. Toda su vida la dedicó a luchar por las ideas que ganaron desde muy joven su corazón y su mente: las ideas de la independencia y de la justicia social. Debemos rescatar la herencia teórica y las tradiciones revolucionarias de esta primera generación de salvadoreños y salvadoreñas que rompieron con el pensamiento colonial y se abrieron a las luchas e ideas liberales.

El 5 de noviembre de 1811 Delgado encabezó la revuelta popular con toques insurreccionales que inició con el toque a rebato de las campanas de la Iglesia La Merced. Estuvo acompañado de un grupo de patriotas que desafiaron el orden colonial establecido y proclamaron la independencia. Acompañaron al San Salvador insurrecto las poblaciones de Metapan, Zacatecoluca, Usulután y Chalatenango. Fueron derrotados y muchos de ellos encarcelados y exilados.

La noticia de la independencia se conoció en San Salvador hasta el 21 de septiembre y fue recibido con mucha alegría. Delgado regresa a la capital salvadoreña y asume la jefatura política de esta provincia el 28 de noviembre de 1821.

5. La resistencia popular contra el Imperio Mexicano de Iturbide 1822.

Y el primer desafío que enfrenta Delgado es encabezar la resistencia popular contra las pretensiones imperialistas del Brigadier Agustín de Iturbide que confiaba en anexar la provincia al Primer Imperio Mexicano. Ya el 7 de diciembre de ese año San Vicente rechaza la anexión a México. Y lo mismo hace el Ayuntamiento de San Salvador. Fueron los únicos, los demás capitularon.

El 5 de enero el Capitán General Gabino Gainza acuerda la incorporación de Centro América al Imperio mexicano.
El 11 de enero San Salvador en protesta se separa de Guatemala y nombra como Presidente de la Junta Provisional Gubernativa a José Matías Delgado.
“La Junta abolió el tributo que se pagaba a los reyes de España, declaro abolidas la esclavitud, y a El Salvador, libre e independiente de España y de México.” (Monterrey, pág. 76) Por su parte, Santa Ana, Sonsonate y San Miguel se unieron al Imperio de México.

El 3 de marzo de 1822 se libra en los Llanos del Espino, en Ahuachapán, la primera batalla victoriosa en defensa de nuestra primera independencia, en contra del Imperio Mexicano, conducida por el Coronel Manuel José Arce, recién nombrado jefe del Ejercito Nacional, que logra apoderarse de Sonsonate, y anteriormente había asegurado Ahuachapán. Un siglo después, en diciembre de 1944, en el mismo lugar se libraría una heroica gesta de la juventud salvadoreña contra las dictaduras militares. El 11 de junio de 1822 el ejército de Iturbide, al mando del coronel Manuel Arzu, penetra en San Salvador, y ocupa el Barrio El Calvario, donde las tropas invasoras saquean, asesinan y queman casas. Pero son derrotados y tiene que huir hacia Guatemala.

El año siguiente 1824, Delgado realiza una colecta popular con la que compra en Guatemala la primera imprenta y el 31 de julio aparece el primer periódico salvadoreño, Semanario Político Mercantil, con una clara línea antiimperialista y liberal, desde donde se desarrollaron importante polémicas contra la ideología colonial y conservadora.

Una de estas polémicas fue la que desarrolló contra el arzobispo Casaus y Torres, de Guatemala e incluso contra el mismo Papa, dado que los sectores populares y liberales acordaron nombrarle el 5 de mayo de 1824 como Obispo y esto desató la furia de los conservadores. Delgado se mantuvo firme hasta que abdicó en 1829, luego de las amenazas “condenatorias” del mismo Vaticano.

6. José Simeón Cañas y la Abolición de la Esclavitud 1823.

El 31 de diciembre de 1823 José Simeón Cañas propuso y fue aprobada su moción por la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas de Centroamérica la abolición de la esclavitud. Este fue un paso de avance histórico en el camino hacia la igualdad social, en una época marcada por la existencia de elites feudales y esclavistas. Otra medida relevante fue la aprobación de una nueva Declaración de Independencia en la que de manera categórica se manifestaba que las naciones centroamericanas eran libres tanto de España como de México.

Dijo Cañas en esa ocasión: “vengo arrastrándome y si estuviera agonizando, agonizando viniera, para hacer una proposición benéfica a la humanidad desvalida…”

En 1825 se realizan elecciones para la presidencia de las provincias Unidas de Centroamérica y se enfrentan el salvadoreño Manuel José Arce y el hondureño José Cecilio del Valle. Con el apoyo de las fuerzas progresistas gana Arce, pero después ya en su gestión establece alianzas con los sectores conservadores, dándoles la espalda a sus antiguos aliados, y su gestión es al servicio de las fuerzas oligárquicas, por lo que los sectores liberales organizan la resistencia. Y surge un conflicto entre los gobiernos federal y los estados federados, que al final conduce a la disolución de la unión. Es en este contexto que surge la figura combativa de Francisco Morazán.

Ese mismo año 1825 en un gesto audaz y necesario se somete a censura las pastorales, edictos y circulares del archirreaccionario arzobispo Casaus y Torres, bajo pena de muerte, destierro o presión. El siguiente año, 1826, la Asamblea legislativa define las Fiestas Cívicas del Estado, que resultan muy ilustrativas de la visión política de la época: Día de la Santísima Trinidad, 6 de febrero, en memoria de los muertos por la libertad de la Patria; 4 de marzo, fecha de instalación del Congreso Constituyente del Estado de El Salvador en 1824; 3 de junio, en recuerdo de la victoria que el año 1822 se obtuvo sobre el primer ejercito imperialista de Guatemala; 12 de junio, fecha en que se decreto en 1824 la primera Constitución del estado; y 6 de agosto, día de El Salvador.

En 1827 llega al país y se nombra al internacionalista Coronel Rafael Merino, guayaquileño, del Ejercito del Libertador Simón Bolívar, como Comandante General del ejército salvadoreño; lo acompañan su hermano Guillermo Merino, y Alejo Sumaestre. Contribuyeron a la reorganización de esta institución, que todavía no era permanente. El 30 de abril de 1828 Rafael Merino será fusilado en San Miguel por tropas federales. El 9 de agosto de ese año fuerzas salvadoreñas al mando del colombiano Coronel Juan Prem se toman la población de Ayutuxtepeque.

En 1829 asume el gobierno José María Cornejo (1829-1830 y 1830-1832), y es el primer dictador salvadoreño ya que impulsa una política represiva contra los sectores populares, además de ser corrupto, servil, impuso la censura, suspendió periódicos, exiló opositores. Encabezó el movimiento para separar el país de la Federación Centroamericana. Junto a Arce proclamó la independencia de El Salvador (1832). Derrotado por Morazán, fue encarcelado en Guatemala.
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Continuará...

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